Aislar a los padres, derrota segura
25-01-2017
Recientemente, el Atlético de Madrid tomó la decisión de que los entrenamientos de sus equipos de fútbol base se realicen a puerta cerrada, sin la presencia de padres, familiares y/o representantes. La medida empezará a aplicarse el 1 de febrero, pero ya ha servido esta noticia para abrir nuevamente el debate sobre la relación entre padres, club, entrenadores y niños, un ovillo que, en muchas ocasiones, es difícil de desenredar debido a los intereses personales que puedan existir y a la falta de entendimiento que acostumbran a tener sus actores principales de lo que representa el deporte antes de etapas competitivas (16 años).
 
 
Que los padres no puedan asistir a entrenamientos de fútbol no es una aberración, de la misma manera que tampoco pueden acudir al centro escolar a ver la clase de Matemáticas o, para poner un ejemplo más preciso, a ver la práctica de deportes como las artes marciales o la halterofilia, debido a las pequeñas dimensiones de los gimnasios donde habitualmente se entrenan estos niños y niñas (en la mayoría de los casos). Además, es un contrasentido que el padre no pueda ver el entrenamiento pero sí asistir a los partidos, donde su conducta puede resultar más perjudicial para el pequeño. El problema no radica, por lo tanto, en las medidas, sino en la intención y en las consecuencias de ellas. 
 
CÓMO HABLARLE A UN NIÑO
 
 
 
Convertir a los padres en enemigos de los entrenadores no debería ser la solución. Los padres son antes cómplices que rivales, y siempre hay que intentar adoptar soluciones integradoras que aislacionistas. ¿Cuántas entidades se han afanado en comunicarles a los padres el objetivo de la práctica deportiva? ¿O en aconsejar cuál debe ser su rol en todo este proceso? ¿Y los entrenadores han intentando que el padre actúe de agente motivador debido a la ascendencia que tiene sobre su hijo? Al final, todos deberían perseguir el mismo objetivo, que no es otro que recibir una formación deportiva y humana enriquecedora, mejorar en todas las habilidades de este deporte, fomentar la socialización dentro del grupo y conseguir ganar lo máximo posible, sin olvidarse de que las derrotas son la principal fuente de aprendizaje, tanto emocional como futbolístico, para el futuro.
 
 
Por eso mismo, no podemos juzgar la medida, en este caso del Atlético, porque lo que hay que tener claro es cuáles son sus intenciones. Para entorpecer las ansias de enriquecimiento de representantes puede ser una solución; en cambio, para aislar a los padres de la educación deportiva de sus hijos no sería producente. Al final, hay que recordar que solo el 0,1% de los niños que juegan a fútbol alcanzan el profesionalismo. ¿Y qué le habremos enseñado al resto?
 
CARTA A UN PADRE FOROFO
 

 
Alberto Martínez
@super_martinez
 
 

 

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