Cómo vencer la frustración
04-04-2017

Nos enfrentamos al gran reto educativo del siglo XXI. Los adultos vivimos en una sociedad acelerada en la que el tiempo brilla por su ausencia y la conciliación familiar es una panacea inalcanzable. Los niños, de rebote, se ven inmersos en esa vorágine y se frustran más fácilmente que antaño debido a la sobreprotección de su entorno y a la inmediatez de conseguir lo que quieren.

 

Y es que para que nuestro hijo sea feliz no hace falta que lo esté siempre. Como padres, profesores, entrenadores... seguro que nos suenan comentarios como "eso es muy difícil" o "nunca podré hacerlo". No debemos ponérselo todo tan fácil, también deben aprender que la constancia y el esfuerzo son necesarios y una vez logrado su objetivo, van a estar más orgullosos de su éxito.

 

Os dejo a continuación unos consejos para ayudaros en esta ardua tarea:

 

1. Evitar que nos manipulen para conseguir lo que quieren: Existen algunos niños que son verdaderos maestros en el arte de manejar a los adultos a su antojo para generar división y acabar ganando ellos el pulso. Usan a los padres para que les excusen de los entrenamientos o, en la dirección inversa, esgrimen problemas de casa para justificar su falta de constancia en los entrenamientos. Es por ello que los adultos de diferentes ámbitos tenemos que comunicarnos entre nosotros y no olvidar que somos los que tenemos que educar al niño, todos sumamos. La unión hace la fuerza. Hay que compartir la máxima información aunque nos parezca, a simple vista, irrelevante.

 

2. Consensuar los objetivos: La negociación es una estrategia crucial para resolver las frustraciones. El error viene cuando intentamos hacerlo en medio de una rabieta o cuando el niño está poco estable emocionalmente. Hace falta mucha tranquilidad y paciencia para acordar lo que esperamos de él y que nos cuente como se ve el mismo. Unas veces la frustración es externa ya que el niño piensa que nos va a fallar o decepcionar y otras veces interna ya que es él mismo quien se exige demasiado. Fijar los objetivos de antemano o ya con calma, después de una situación de nerviosismo, les ayuda a ser conscientes de la meta por la cual deben esforzarse. Esas metas deben ser realistas e ir analizando lo que hace mal, las estrategias de mejora y también valorar sus progresos para no caer en una espiral negativa.

 

 

 

3. Conservar la calma ante su nerviosismo: En momentos de crisis, somos los primeros que debemos conservar la calma. No debemos gritar más que ellos ni ceder al chantaje emocional. Debemos usar siempre un todo bajo y pausado e ir preparados, porque lo más normal es que nosotros seamos los primeros con los que el niño pague su frustración. Hay que abordar el problema y hacerle una primera reflexión para serenarle. Al cabo de unas horas, sería conveniente retomar lo que ha pasado y hacer una segunda reflexión sobre cómo debe afrontar ese tipo de problemas y sobre cómo nos hemos sentido nosotros, debe ser consciente de que para nosotros tampoco ha sido una situación agradable. Ofrecerle formas de reacción alternativas en ese momento ayuda a que cuando se vuelva a presentar el problema vaya cambiando su manera de actuar.

 

4. Enseñar cómo y cuándo pedir ayuda: Debemos conocer bien la personalidad del niño, nos podemos encontrar desde los que no paran de repetirte el problema que tienen de manera cansina hasta que les das una solución rápida que les haga la vida más fácil, y los que no piden ayuda nunca, ni aunque se la ofrezcas incansablemente. Hablar es la clave. Debemos plantearle preguntas del estilo "¿Cómo piensas que lo puedes solucionar?" "¿Y si eso no funciona? ¿Qué más podríamos hacer?" "Si sale mal ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Y si sale bien, que pasaría?". A los primeros, esa estrategia les da seguridad y no se sienten solos ante el problema. A los segundos, seguro que somos nosotros los que tenemos que acercarnos a ellos cuando vemos que están frustrados y plantearles las preguntas para que tengan la sensación de que lo han resuelto por ellos mismos.

 

 

5. Reflexión sobre los éxitos y fracasos: El trabajo no acaba cuando hemos superado el problema. Tanto si la situación acaba bien como si acaba mal. Es necesario que comprenda todos los pasos que ha dado y quitarle importancia al resultado ya que a veces, tiene un componente de aleatoriedad al depender de factores externos al niño. Si el proceso funciona, le habremos mostrado el camino a seguir. Debe aprender de los errores del pasado pero no torturarse con ellos. Hay que actuar sobre el presente y el futuro,  que es lo que todavía puede cambiar.

 

            Recordad que la constancia es primordial en que el niño supere la frustración es la persistencia que tiene el adulto a la hora de aplicar y llevar a la práctica el método. Siempre va a existir la tentación de dejarlo estar por falta de tiempo, resultados o paciencia pero tened en cuenta que va a ser un tiempo muy bien invertido porque enseñará a vuestro hijo o jugador a enfrentarse a esas situaciones de manera autónoma y las consecuencias para él durante el proceso o en caso de fracasar serán menos lesivas emocionalmente. 

 

OTROS ARTÍCULOS RELACIONADOS:

 

AISLAR A LOS PADRES, DERROTA SEGURA

ENTRENADOR LA COMUNICACIÓN CORPORAL ES UNA VENTAJA

SEPARAR NIÑOS Y NIÑAS, UN PASO ATRÁS

ADQUIERE EL LIBRO: CUANDO GANAR ES PERDER

 

Óscar del Estal

 

Puedes visitar nuestra tienda online en el siguiente enlace.

¡Deja un comentario!

Descubre Futboldinamico