La toma de decisión: ni idiotas racionales ni irracionales
23-01-2017

Uno de los conceptos que más se ha puesto de moda en los últimos años es el de la toma de decisión: escuchamos y leemos repetidas veces que lo que realmente diferencia a un buen jugador de otro es su capacidad para decidir en cada situación cuál es la mejor de las soluciones disponibles, utilizando el razonamiento y el pensamiento para ello. Así, empezamos a diseñar ejercicios con toma de decisión a los que los jugadores deberán enfrentarse y resolver encontrando la solución más rápida y eficaz posible, y los clasificamos en aquellas listas que tanto nos gustan como “jugadores que piensan” contra los  “jugadores que no piensan”: por ejemplo, una acción combinada donde el jugador con balón debe decidir a quién pasarlo en función del movimiento de otro compañero, o en función de un defensor rival que marca a alguno de los posibles receptores dejando libre a otros que se convierten en la solución correcta. Sin embargo, esta concepción y definición de la toma de decisión olvida algo fundamental que el sociólogo Raymond Boudon advierte en el título de su obra sobre el Homo Sociológicus: que las personas no somos ni idiotas racionales ni irracionales.

 

EJEMPLO DE EJERCICIO CON TOMA DE DECISIÓN

 

 

 

Ni idiotas racionales: Que las personas no somos siempre racionales es algo que el día a día nos muestra con evidencia. Además, esto se acentúa cuando se trata del fútbol base, donde la etapa formativa de los niños desde benjamín a cadete transcurre por diferentes momentos de su socialización. Dos de estos principales momentos son la llamada primera y segunda socialización, también conocidas como el paso de la etapa de actuación a la etapa del juego. En la primera fase, los niños aprenden los hábitos, las normas y el comportamiento social mediante la imitación de las personas de su círculo cercano (sus padres, profesores, entrenadores, etc.), pero no es hasta la segunda fase que el niño entiende que no solo juega a representar papeles sino que pasa a interactuar con otros niños que, a su vez, representan otros roles. Un ejemplo de esto sería el paso de jugar a tirar y devolver la pelota a jugar al fútbol: cuando el niño es pequeño y su padre se coloca delante de la portería, este no intenta marcar gol hacía el lado vacío que deja su padre sino que le devuelve el balón. No es hasta los 7 u 8 años que el niño comprende que existen personas con necesidades y comportamientos diferentes y, por lo tanto, que deberá tener en cuenta las posiciones de los compañeros y contrincantes y anticiparse a la reacción de un portero que intentará evitar el gol. Otro de los momentos cruciales es el paso por la adolescencia, donde una vez interiorizadas y aprendidas, el niño explora los límites de las normas y los roles. En esta etapa, el incumplimiento de las normas o sobrepasar sus límites forma parte del proceso de socialización del niño, llegando a producirle satisfacción delante de su grupo de amigos o compañeros. Las consecuencias de esto sobre el proceso de aprendizaje en el fútbol y en concreto sobre la toma de decisión son fundamentales: ¿Tiene sentido entrenar al niño en la toma de decisión antes de los 7 u 8 años cuando su aprendizaje se basa en la imitación? ¿Es para un adolescente la mejor solución de una toma de decisión aquella que la racionalidad y la eficacia mandan?  ¿O por lo contrario, puede ser que para un adolescente la mejor solución sea, a veces, la más difícil y complicada para experimentar y salir victorioso en contra de las normas que marcan la racionalidad y el pensamiento?

 

Ni irracionales: Con esto no se pretende afirmar que los niños y jugadores sean completamente irracionales, sino que se busca mostrar la complejidad de la toma de decisión, cuestionando que el “pensamiento” basado en la imitación de un niño pueda adentrarse en una decisión, o que el “razonamiento” de un adolescente considere como mejor solución la “eficaz” por delante de la experimental. Entender la toma de decisión como algo estático y racional nos otorga a los entrenadores una falsa sensación de seguridad y control sobre el aprendizaje del jugador, pero supone ir en contra de la propia lógica del jugador y el juego. El primero por cambiar dinámicamente entre lo racional e irracional, y el segundo por ser de naturaleza compleja. Los entrenadores debemos no sólo tener en cuenta la variabilidad de la toma de decisión en los niños, sino que deberíamos tratar de adaptarla a sus diferentes momentos. Aprovechar la primera fase de imitación de los niños para enseñarles los gestos técnicos, la segunda fase de interacción con otros para enseñarles el juego colectivo, o la tercera fase de la adolescencia para dejarles experimentar sus propias decisiones aumentado su creatividad supone que jugador y juego vayan de la mano. Esto implica que los entrenadores debemos comprender antes que valorar: si yo planteo la acción combinada con una toma de decisión estática y racional que depende del movimiento del compañero, tengo la solución y respuesta “racional” de antemano y solo podré valorar la acción de mi jugador. Si por el contrario planteo un juego de posición con una situación real donde la toma de decisión es dinámica e impredecible, podré comprender la solución tomada por mi jugador según su etapa y le guiaré hacía soluciones más adecuadas respetando la lógica del juego. El fútbol es un deporte impredecible, complejo e incontrolable. Paradójicamente, tener en cuenta estos factores supone convertirlo en más predecible y controlable que no amputando su complejidad.

 

EJEMPLO DE EJERCICIO DE JUEGO DE POSICIÓN, SITUACIÓN REAL DE JUEGO

 

 

Para terminar, quisiera poner un ejemplo sobre el que ilustra mejor esta defensa del jugador ni idiota racional ni irracional: Leo Messi. La evolución del jugador argentino en sus últimos años hacía su versión más creadora de juego ha sido gracias a la excelente racionalidad en su toma de decisión en las diferentes situaciones del juego: es capaz de encontrar o crear al hombre libre, de realizar cambios de orientación que dejan solos a sus compañeros o de generar superioridades continuamente. Decide la solución rápida, adecuada y eficaz, y esto le ha llevado a ganar el premio a “Mejor creador de juego del mundo” según la IFFFHS. Sin embargo, Messi también destaca igual o más aún por su capacidad de solucionar decisiones que según la racionalidad y la eficacia no serían correctas. Ejemplos de esto serían su gol en la pasada final de Copa del Rey contra el Athletic de Bilbao, donde Messi decide arrancar en conducción en un 1vs4 defensores del Athletic acabando en gol o su gol contra el Getafe donde ocurre la misma situación. ¿Si Messi solo tomara decisiones racionales y eficaces, se hubieran dado estos goles? Jugadores como Neymar, Douglas Costa o Hazard resultan también ejemplos de jugadores que destacan por tomar decisiones incorrectas según el razonamiento y el pensamiento pero que acaban siendo buenas soluciones debido a su creatividad y carácter impredecible. Y es que al final, los que más equilibrio dan a un equipo son los que desequilibran, y los que más ordenan son los que desordenan. Esa es la naturaleza del futbol: ni idiota racional, ni irracional. 

 

LA ILÓGICA RACIONAL DE MESSI

 

 

 

 

Manel Real,

Sociólogo y monitor de fútbol base.

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