Me han robado a mi estrella
19-01-2016

Tomando como referencia los recientes escándalos de fichaje de menores por parte de clubes como Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid, no está de más que abordemos esta problemática que es muy común en nuestro día a día si trabajamos en un club deportivo. Si nos ponemos en el lugar de los equipos más humildes, podemos extraer conclusiones muy interesantes.

 

Si extrapolamos esta misma situación al ámbito educativo o pedagógico. ¿Os imagináis que las escuelas privadas contrataran ojeadores para descubrir a los mejores estudiantes de las escuelas públicas y los ficharan sin importarles que estuvieran a mitad de curso? El maestro no podría planificar el año ya que a mitad del año académico perdería a sus alumnos más brillantes.

 

El sentimiento que experimentará el profesor de esos alumnos es el mismo que el de cualquier entrenador al que le empiezan a desmontar el equipo cuando está en las categorías inferiores de un club. Al final llegará a pensar que es mejor armar un bloque compacto donde nadie destaque y todos funcionen como equipo que pulir individualmente a los futbolistas arriesgándose a que los grandes llamen a su puerta.

 

En caso de que esto último ocurra, el entrenador seguro que se alegra porque su jugador progresa y tendrá un mayor escaparate para destacar y triunfar en el fútbol. Pero también piensa que todas aquellas horas que ha pasado con él minimizando sus defectos y enseñándole a posicionarse en el campo han servido para que otro club más poderoso económicamente disfrute al tener a un jugador tan completo en su plantilla. Es decir, "¿Para qué entrenarle y esforzarme tanto si tarde o temprano me lo van a quitar?".

 

Debería estar mejor reconocido el hecho de haber sido el club formador de un jugador ya que arrebatarnos a un jugador normalmente  sale gratis. Con promesas de progresar en el fútbol, de un sistema de juego más atractivo, de ocupar un rol importante en el nuevo equipo... y que en ocasiones son ficticias, ya es suficiente.

 

En prensa, solemos leer historias sobre los orígenes de las grandes estrellas del fútbol cuando daban sus primeros pasos en su club de barrio. Pero no todos los jugadores fichados por los equipos importantes llegaran a serlo. Hay muchas más historias de futbolistas que acaban como "juguetes rotos" por no soportar la presión o simplemente por tener a otro futbolista en su posición que le eclipsaba.

 

El cálido trato familiar es sustituido por la frialdad y exigencia de resultados donde da igual tener que jugar infiltrado si el equipo lo necesita a pesar de tener consecuencias para la salud del futbolista. Y es en humanidad en donde los clubes humildes ganan por goleada a los de mayor presupuesto. Para ellos, cada futbolista es importante porque constituye una nueva oportunidad para formar a una persona. Ellos nunca dejarán de preocuparse por cada individuo y asegurarse de que está bien para jugar. 

 

Óscar del Estal, profesor en Escola Splai

 

 

 

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