Mensaje en una botella
27-10-2016

Como si se tratara de un visionario, Jose Mourinho ya relacionó el fútbol con el teatro allá por el 2006. Se hubiese aproximado más si en vez de teatro hubiese hablado de circo, con payasos, una fauna con múltiples especies (pocas en extinción) y enanos que crecen. Seguro que la mujer barbuda también está oculta entre la multitud que cada fin de semana acude a cualquier estadio de fútbol. Como un buen circo, el objetivo es el entretenimiento, aunque en ocasiones se lleguen a límites grotescos y mundanos, como los que ocurrieron el pasado sábado en el Valencia-Barcelona.

 

Un partido de fútbol se ha convertido en una especie de Gran Hermano, con cámaras por todos los rincones, anécdotas que se convierten en noticia, periodistas que son investigadores privados de la nada y futbolistas que, en ocasiones, están más pendientes de las celebraciones, las arengas y las muestras de ‘soy el puto amo’ que de hacer bien su trabajo. Todos hemos contribuido a que los futbolistas sea antes una caricatura que una persona. Algunos incluso merecen el Oscar por su interpretación en la película ‘Mensaje en una botella’, pongamos por caso.

 

Pues esa botella contenía un mensaje, y el Comité de Competición no lo ha conseguido descifrar. Por mucho que tu equipo pierda con un penalti (que sí era) en el último minuto, que uno de los jugadores rival lancé improperios a la grada a 180 pulsaciones, o que tu corazón te haya ayudado a ver cómo ese árbitro a quién siempre culpas te ha robado una vez más el partido, nada justifica que lances algo a un campo o contra alguien. Ni una botella, ni una granada de mano ni una pluma. Porque si lanzas una botella, por descontado que lanzarías una pluma e incluso hubieras lanzado una granada si en ese momento tu compañero de asiento te la hubiera dado. No hay agresión que no se haga sin una mano.

 

Pero esto no ha sido para Competición lo grave, cuya sanción es de 1.500 euros. La casi impunidad ha reforzado a esos enanos que crecen, payasos y esa faunade múltiples especies que habitúan los campos donde no hay cámaras, ni prensa, ni actores. Esos tipos que ponen a parir al árbitro desde el primer minuto, se enzarzan con otros seguidores del equipo rival y discuten airadamente hasta llegar a las manos. A esos tipos se les ha legitimado, han captado que no hay dureza y que la justicia se puede dejar llevar también por los colores. Si desde arriba no se deja ejemplo y se es contundente, abajo el circo seguirá abierto todos los fines de semana. 

 

Alberto Martínez

@super_martinez

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