Estrategias de gestión: reconocer una virtud
25-10-2018

En los últimos años, a los entrenadores se les han añadido nuevas tareas y necesidades a la hora de afrontar una temporada. Da igual si el equipo a entrenar es uno de Primera División o de fútbol base, pues cada plantilla contará con unos objetivos y unas dificultades concretas. Un jugador profesional es egoísta y quiere jugar, mientras que un niño cuenta con un entorno particular y un estado emocional y de aprendizaje que se debe cuidar más que su propia formación futbolística. Por lo tanto, la gestión del grupo es vital para poder llevar adelante la temporada con garantías y que el equipo se mantenga en su pleno rendimiento y/o aprendizaje.

 

Los entrenadores ya no solo cuentan con el asesoramiento de profesores, preparadores físicos, ayudantes o analistas del juego y del entrenamiento, sino que también se acercan a los profesionales de la psicología o de las relaciones humanas para hacer mejor su trabajo. El técnico está virando más hacia un conocedor de personas y de interacciones que hacia un conocedor del juego y de sus circunstancias. El Real Madrid que empezó con Rafa Benítez de manera titubeante y acabó ganando la Champions con Zinedine Zidane es el claro ejemplo. Tener a jugadores estimulados es a veces más importante que tener a jugadores con los cerebros llenos de información pero desmotivados. El fútbol tiene mucho de fe.

 

 

Hay algunas estrategias para tener a tu plantilla enchufada y hacerla sentir importante independientemente de su protagonismo en el equipo. Es clave especificar el rol de cada futbolista, y que este entienda qué le debe aportar al equipo en todos los aspectos del juego. ¿Cómo motivar a un jugador cuyo rol es secundario? Un entrenador de otro deporte colectivo me comentó en una ocasión cuál era su secreto: hacerles creer a los jugadores que son únicos e indispensables en una faceta concreta. De esta manera, había un jugador que era el capitán, el líder, y todo equipo necesita una figura así; otro, en cambio, era el mejor en las jugadas de estrategia: nadie tendría su capacidad para resolver partidos en esa acción del juego; el tercero era el mejor en defensa, así que en partidos o momentos donde ese rol tenía más protagonismo, él era la pieza clave; otro jugador era el mejor en el uno contra uno ofensivo, así que en esos últimos 30 minutos de partido no habrá mejor opción para desequilibrar… Y así hasta alcanzar todos los jugadores.

 

De esta manera, se le reconoce a cada jugador una cualidad especial, trascendental en el equipo, con la que, obviamente, hay que ser consecuente en el campo y a la hora del reparto de minutos y situaciones. 

 

Por @super_martinez

 

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