Trucos para mejorar la relación entrenador-padre
08-11-2015
Creemos que todos se han unido contra nosotros, nos sentimos en minoría y no tenemos ilusión por entrenar en esas condiciones ni un minuto más. Una mala relación con los padres de nuestros jugadores constituye una de las situaciones más incómodas para un entrenador
 
 
Cuando la mala relación se hace evidente, debemos mantener la calma y no dejarnos llevar por nuestros sentimientos. Si seguimos estos consejos, habremos puesto todo de nuestra parte para reconducir la situación, depende de cómo reaccionen a nuestro cambio de actitud podremos tener éxito y mejorar nuestro ambiente de trabajo en el club.
 
 
1. Verlos como aliados y no como enemigos: Cuando nos sentimos víctimas de esta mala relación tendemos a somatizar cualquier pequeño detalle y pensamos cosas como: "no me han dirigido la palabra hoy" o "mira como cuchichean, seguro que estarán hablando mal de mí".  A todas las miradas, gestos, palabras aisladas, les podemos encontrar una relación y montarnos una película ficticia en nuestra cabeza que no nos beneficiará. Debemos dejar de analizarlo todo y pensar que todos están contra nosotros porque solo empeoraría la situación. Los padres no dejan de ser nuestros mejores aliados y no debemos olvidar que luchamos juntos por un objetivo común: la educación global de sus hijos y de nuestros jugadores.
 
 
2. Hablar sobre otros temas y no solo de fútbol: Si observamos fricciones con los padres cuando dialogamos, puede ser que estemos siempre enrocados en nuestra relación porque solo hablamos de fútbol. Es normal hacerlo porque es lo que nos une. Sin embargo, no debemos limitarnos a ese tipo de charlas, es bueno mantener conversaciones sobre aficiones, cine, fútbol profesional y apoyarles a ellos también cuando tengan alguna duda o recurran a nosotros porque ven al niño desmotivado, con carencias en los estudios o más agresivo de lo normal.  Además de "entrenadores" o "padres", todos somos personas y es bueno que entiendan que compartimos más cosas con ellos aparte del fútbol. 
 
 
3. Dejar claros los límites: Por mucho que quieran algunos de los padres de nuestros jugadores, no podemos tener una relación de igual a igual con ellos cuando hablamos de táctica, técnica, entrenamientos, gestión de grupo... Pertenecemos a un sector específicamente formado para controlar esas variantes. Los padres deben saber que escuchamos sus opiniones pero que ellos no tienen poder de decisión. Somos nosotros los que debemos valorar sus opiniones y no caer en el error de hacer siempre caso a lo que nos digan. Si lo hacemos, muchos de ellos utilizarán sus comentarios para influir en el equipo y en los minutos o en la posición en las que juega su hijo.
 
 
4. Ser asertivos en nuestro discurso: Tener la habilidad de expresar nuestras opiniones o sentimientos positivos o negativos de forma clara y directa pero con tacto y sin ofender a nadie es quizás la parte más difícil y la clave del éxito. Debemos defender lo que pensamos pero sin dejarnos llevar por las emociones sino por la razón y los argumentos expresados desde el respeto hacia los padres. El "cómo se dicen las cosas" es más importante que el "qué". Una misma noticia negativa puede provocar reacciones positivas o negativas por parte de los padres dependiendo de cómo se les plantee la situación. No hay que pretender imponer lo que pensamos a los demás ni decir siempre que sí a todo solo por el hecho de no  quedar mal o herir a las personas. Moverse en el término medio y buscar el mejor momento y lugar para comunicar las noticias importantes es también muy importante para dar importancia a nuestro mensaje.
 
 
5. Evitar rehuir el diálogo: Si somos nosotros los que rehuimos hablar con los padres, no estamos obrando bien. Evitarlos nos da la ventaja a corto plazo de que no nos enfrentamos con ellos, pero a largo plazo, el problema se va enquistando y haciéndose más grande por no afrontarlo directamente. Al final acaba estallando el conflicto más tarde o más temprano. Debemos ofrecernos explícitamente para ayudarles y manifestar nuestra disponibilidad para mantener reuniones si las necesitan. Podemos fijar una hora a la semana para si alguien necesita acudir a nuestra oficina para hablar de algo que le preocupa. Al principio de la temporada, puede ser una buena idea explicarles lo que espera el entrenador de ellos, cuál es la mejor forma de ayudar al equipo desde fuera. La distribución de hojas informativas o artículos interesantes durante la temporada de forma periódica son otro tipo de comunicaciones que podemos utilizar. No olvidemos que ellos también tienen la necesidad de sentirse escuchados.
 
 
6. Mantener la ilusión y la dedicación por entrenar: Lo peor que podemos hacer es dejarnos ir, perder nuestra profesionalidad y que sea evidente nuestro disgusto por la situación. Si los padres ven que siempre tenemos cara de enfadados, que empezamos a llegar más tarde de lo habitual para preparar los entrenamientos o si abandonamos el club rápidamente tras los mismos evitar cruzar un saludo con ellos, van a entender que no estamos a gusto entrenando a este grupo y que realmente nos están afectando sus comentarios. Debemos mantener la máxima profesionalidad y recordar los motivos que nos impulsaron a decidir ejercer esta profesión y tener una autoestima a prueba de bombas para que nada ni nadie nos robe esa ilusión por entrenar.
 
 
7. Saber retirarse a tiempo y no competir con los padres: Debemos evitar situaciones potenciales de conflicto, sobre todo si vemos que algún padre se dirige a nosotros gritando y haciendo aspavientos. Más aún si los niños están presenciando el "espectáculo". No hay que olvidar que el niño es la parte más débil de la cadena y aunque muchos lo viven por dentro, siempre se verá afectado por ese conflicto. Entrar en una lucha de poder con los padres no beneficiaría a nadie y siempre saldríamos perdiendo ya que el niño se va a acabar situando de parte de sus padres. No hay que olvidar que los jugadores van a poder jugar en cualquier otro equipo, pero si nos despiden por haber perdido los papeles, no nos va a ser tan fácil encontrar trabajo en otro club.
 
 
En resumen, debemos intentar por todos los medios que nuestra relación con los padres sea de plena colaboración pero sin interferencias. Cada uno debe saber cuál es el lugar que debe ocupar. En caso de que exista una mala relación, se debe imponer la cordialidad entre ambas partes. De todas maneras, no debemos torturarnos por no lograr arreglar la situación, no hay olvidar que por mucho que pongamos de nuestra parte implementando todos los consejos anteriores, el éxito depende de que ambas partes estén dispuestos firmar la paz. Nuestro objetivo debe ser acabar con la sensación de que hemos hecho todo lo posible.
 
Óscar del Estal, profesor en Escola Splai
 
 
 

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